jueves, 23 de marzo de 2017

Mujer


No me equivoqué. No. Tu mirada es el mayor acierto de mi vida. La mayor revelación. El mayor consuelo. Contigo es posible verse reflejado en tus pupilas grandes, puras, luminosas. Y tu sonrisa… ¿hace falta que hable de ella? Sin duda debo hacerlo. Cuando tus labios, tímidos, me regalan ese esbozo de felicidad, de futuro, tiembla mi alma. En ella se imprime, se graba a fuego, un presente que ya no pasará, un momento que le ha dado sentido a mi existencia. Sí, sentido. No me da miedo decirlo. ¿Por qué tenerlo? ¿Porque la vida es difícil? ¿Porque las circunstancias nos acorralan? ¡Y qué más da si podemos mirar al cielo! No dejes que tus ojos se saturen mirando a la tierra. Mira hacia arriba, a las estrellas, y deja que el infinito penetre en ti. En tu mirada se refleja toda la galaxia y aún cabe más en ella. Me he encontrado con tu mirada, me he encontrado en ella, en ti. Una vez dije que en la mirada del otro encontramos nuestro origen y nuestro destino. Ahora lo grita mi corazón al contemplarte, cuando ocultas tu rostro con tu cabello, queriendo que lo busque y lo acaricie con mis ojos. Ya no es la imaginación, la fantasía, la ficción. Eres tú. Hace años mi corazón me decía que la mujer me miraría y que sus ojos serían saetas certeras que atravesarían mi armadura. Ya no recuerdo si la tengo. Pues tu ternura ha desvelado mi interior. Contigo soy vulnerable, frágil. No me da miedo decirlo, porque me siento seguro. Esa inspiración tenía tu nombre. ¿Buscar? ¿Más? ¿Dejar pasar? ¡En modo alguno! Respirar, sentir paz, olvidar y soñar… contigo.

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